Autocompasión

En nuestra cultura no se nos han enseñado formas eficaces de abordar nuestros estados y situaciones de sufrimiento. La tendencia general es a rechazar esos estados, negarlos o reprimirlos con herramientas que produzcan una “analgesia” inmediata. En el otro extremo, están los que se revuelcan en la situación que les produce el sufrimiento, quedándose enganchados en el rol de la “víctima” o retraumatizándose continuamente. A la luz de la investigación sobre la autocompasión, ninguna de esas aparentes soluciones produce resultados positivos, ni resuelve cómo abordar el dolor y el sufrimiento de una forma sana. El entrenamiento en autocompasión propone un abordaje revolucionario de nuestro inevitable encuentro con el sufrimiento en una doble vertiente:

  1. Cuidarse y tratarse de la manera más delicada posible, justamente porque sufrimos y porque el sufrimiento forma parte de la experiencia vital humana que todos compartimos.
  2. Acoger con amor el dolor y todas las emociones que se desprenden de las situaciones vitales de sufrimiento, independientemente de si tienen una causa externa objetiva, o interna y subjetiva.
Ser tu mejor Amigo

La Autocompasión puede ser aprendida por cualquier persona, incluso aquellos que no recibieron suficiente afecto en la infancia o que se sienten incómodos cuando son bondadosos consigo mismos. Es una actitud valiente que nos protege de ser dañados, incluyendo el daño que involuntariamente nos infligimos a nosotros mismos a través de la autocrítica, el aislamiento o el ensimismamiento obsesivo. La compasión hacia uno mismo proporciona fuerza emocional y resiliencia, permitiéndonos reconocer nuestros defectos, motivándonos a nosotros mismos con amabilidad, perdonándonos a nosotros mismos cuando sea necesario, ayudándonos a relacionarnos con los demás desde el corazón y a ser nosotros mismos de verdad.

Los tres componentes principales de la Autocompasión son la bondad o amabilidad hacia uno mismo, el sentido de humanidad compartida, y mindfulness o la conciencia equilibrada, presente y atenta.

  • La bondad hacia uno mismo nos abre el corazón al sufrimiento, de forma que nos podamos dar lo que necesitemos.
  • La humanidad compartida nos abre a los demás, por lo que sabemos que no estamos solos y que el sufrimiento forma parte de la naturaleza humana. En realidad, a través de nuestro propio sufrimiento podemos sentirnos unidos a otros en su dolor y los podemos comprender y amar.
  • Mindfulness nos abre al momento presente, de forma que podamos aceptar nuestra experiencia con mayor facilidad, sin caer ni en el rechazo ni en la identificación con el sufrimiento.

Juntos conforman un estado de gran conexión y presencia, y proporcionan una experiencia de atención cálida, en los momentos difíciles de nuestra vida.

La Autocompasión aporta fuerza emocional y capacidad de recuperación o resiliencia, lo que nos permite admitir nuestros defectos y verlos con claridad y discernimiento, perdonarnos y revivificarnos con la bondad, promover el cuidado de los demás y el nuestro propio de una forma equilibrada.